Quiero empezar diciendo que no me gustan los
libros de auto-ayuda, a pesar de que hay estudios que avalan la efectividad de
algunos de ellos en ciertas circunstancias y para determinadas personas. En general no me gusta toda la mercadotecnia
que hay alrededor de este fenómeno editorial (para una divertida critica de los
libros de auto ayuda véase “¿Cómo escribir un libro de autoayuda en 5 pasos?”
Pero, regresando al tema, es cierto que muchas
veces nos sentimos desbordados por la
cantidad de problemas que tenemos que afrontar en el día a día. Otras veces no
se trata de la cantidad, sino de la gravedad de algunas situaciones que nos
atenazan.
En esos momentos solemos decir: "¡Que feliz podría ser sin tantos problemas!" o peor aún
¿que he hecho yo para merecer esto?. Son reaccione normales, pero que
parten de un enfoque, bajo mi punto de vista, equivocado. La vida son alegrías
y tristezas, cosas buenas y malas, experiencias agradables, algunas no tanto y otras
amargas. Alguien dijo alguna vez que la vida son problemas, y no
tenerlos, ya es uno. Mientras vivamos, la vida nos pondrá invariablemente a
prueba, pero ser feliz no está relacionado con la existencia o no de problemas
sino con la manera en que se afrontan, o se aceptan.
La
RAE define la palabra problema como "Proposición o
dificultad de solución dudosa", "Conjunto de hechos o circunstancias
que dificultan la consecución de algún fin" o "Disgusto,
preocupación" y pone un ejemplo: "Mi hijo solo da problemas".
Pero podría haber puesto muchos más "mi pareja me ha dejado",
"me han diagnosticado...", "no soy feliz", "tengo
fobia a...", "me he quedado sin trabajo", "no sirvo para
nada", etc.
Sin embargo, la mayoría de las veces el problema
no son los problemas, sino la forma de afrontarlos.
Algunos sencillos consejos
Cuando tenemos varios frentes abiertos, o varias preocupaciones
que resolver, una de las estrategias que se pueden hacer es jerarquizar los problemas.
Algunos serán más importantes que otros, o requieran de una solución más
urgente. Si los problemas "gordos" pueden esperar, céntrate en
aquellos que tengan una probabilidad de éxito mayor (cuantos menos mejor,
incluso de uno en uno).
Esta serie de pasos te ayudarán a enfocarlos desde
una perspectiva práctica:
Paso cero: Sensibilización hacia los problemas.
Los problemas forman parte de la vida. Algunos de ellos
son evitables y otros no. La idea central es aprender a aceptar los primeros, y
sobre los segundos, existen una serie de estrategias (los puntos que siguen a
continuación) para resolverlos de la mejor manera posible, minimizando su
impacto.
Primer Paso. Identificación y formulación del
problema.Describe o define tu problema en términos operativos, para que
se puedan generar soluciones con mayor facilidad. Algunas de las preguntas que te
puedes formular son: Que es lo que ha sucedido, personas implicadas, dónde,
cuándo, que consecuencias ha habido y que es lo que puede pasar, cual ha sido
mi respuesta, que cosas he hecho para resolverlo, etc.
Segundo paso. Establecimiento de metas y objetivos.
Describe cual es el fin último de intentar resolver el problema.
Tercer paso.
Generación de alternativas. Describe
las posibles soluciones. Para ello se puede utilizar la “tormenta de ideas”.
Cuarto Paso: Valoración de las consecuencias y
dificultades.Se trata de analizar las consecuencias de cada decisión, a
corto, medio y largo plazo, así como la dificultad de llevar a práctica la idea
para solucionar el problema.
Quinto Paso. Toma de decisiones y elaboración de la
solución(es) elegida (s). Se trata de elegir aquellas soluciones más sensatas
que mayor probabilidad e éxito pueden, tener eliminando o minimizando las
consecuencias negativas, y a continuación describir los pasos para ponerlas en
práctica.
Sexto paso:
Comprobar si el resultado ha sido satisfactorio y lecciones aprendidas. En esta última
fase se trata de analizar la efectividad de los pasos que has seguido
y analizar los errores, para no volver a cometerlos.
También puedes utilizar Auto-instrucciones. Tienes que
diferenciar entre auto-instrucciones positivas, negativas, y las posibles
consecuencias que acarrean cada una de ellas. Gratifícate por los pequeños
logros conseguidos y dite a ti mismo frases de refuerzo o recompensa “la
situación no es nada fácil de resolver. Aun así, estoy en el camino correcto”. Ten
paciencia cuando las cosas no salen como te gustarían y piensa en como vas a
reenfocar el problema.
Afrontar
los problemas
Hay tres actitudes con las que puedes encarar la
resolución de tus problemas: "Soy incapaz de solucionar nada",
"Nada es demasiado difícil para mí" y "Algunas cosas podré
resolver y otras no". Probablemente la última sea la única que te pueda
ayudar a ser feliz. ¿Que quiero decir con esto?
Pon el problema que tú quieras. ¿Qué cosas has
hecho para supéralo? ¿Qué has obtenido con ello? ¿Verdaderamente tiene
solución? Lo explico con un ejemplo: Una persona con un problema que le hace
sentir mal (puedes poner el adjetivo o situación que te parezca)
seguramente haya intentando por varios eliminarlo. ¿Lo ha conseguido?
¡Enhorabuena! Ahora bien, si no lo ha conseguido, tiene que saber que,
muchas veces, el verdadero problema, ¡no es el problema en si! sino, que esa
circunstancia te paralice de tal forma que no hagas las cosas valiosas para ti,
que no hagas aquello que te apetece y puedes hacer.
Me permito hacer
una adaptación de la famosa "Oración por la Serenidad" de
Reinhold Niebuhr:
"Acepta las cosas que no puedes cambiar; ten valor para cambiar las cosas que puedes cambiar, y sabiduría para conocer la diferencia, viviendo y disfrutando un momento a la vez."
Por último, es importante que para resolver lo que te sucede, o cambiar aquello que te molesta o te hace sufrir, te plantees las siguientes cuestiones: ¿tienes las herramientas, estrategias, habilidades e
información para resolverlos? ¿Que necesitas para hacerlo? Posiblemente hoy en
día la dificultad no estribe tanto en la falta de información, técnicas,
terapias, libros de auto-ayuda, manuales etc., como en la dificultad para
clasificar, ordenar, resumir y poner en práctica todo ese conocimiento. Queda
por descontado que hay tratamientos y formas de hacer terapia más efectivos que
otros. Por eso, si lo deseas puedes escribirme para preguntarme cualquier duda
relacionada con este tema. Al fin y al cabo, preguntar no deja de ser una
actividad más de auto-ayuda.
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